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Jill Bolte Taylor, neurocientífica de Harvard: “El alcohol no es bueno para el cerebro porque absorbe el agua de las células, las deshidrata, se vuelven frágiles y al final se queman y explotan”

 


La investigadora, divulgadora, escritora y profesora universitaria explica qué podemos hacer para mantener nuestro cerebro sano y qué debemos evitar a toda costa.

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“Por ironía del destino, en 1996, a la edad de 37 años, un vaso sanguíneo explotó en la mitad izquierda de mi cerebro. Se trataba de una malformación arteriovenosa (MAV) congénita con la que había nacido. La mañana en que sufrí este tipo de accidente cerebrovascular poco común, no podía caminar, hablar, leer, escribir ni recordar nada de mi vida. Me convertí en un bebé en el cuerpo de una mujer. Me llevó ocho años reconstruir completamente mi cerebro desde dentro”.

Hay historias que merecen ser contadas y personas a las que conviene escuchar. Y una de ellas es Jill Bole Taylor. prestigiosa neurocientífica formada en Harvard, que hace pocas semanas compartía su experiencia vital en The Diary of a CEO para revelar los secretos del órgano que mejor nos define y más nos diferencia como especie. Nadie mejor para hablar de los entresijos del cerebro que alguien que tuvo que aprender a reconfigurarlo por completo.

Durante la charla, la autora de auténticos best sellers como My Stroke of Insight o Whole Brain Living, profesora de la Universidad de Indiana y portavoz del Centro de Recursos de Tejido Cerebral de Harvard (Harvard Brain Bank) comparte un sinfín de claves sobre la configuración y funcionamiento del cerebro así como aquellas cosas que podemos hacer para mantenerlo en perfecto estado.

Los hábitos que mantienen el cerebro sano

Y, para sorpresa de nadie, lo más importante es mantener unos hábitos de vida que no se interpongan en su camino. “Lo primero es dormir. Dormir lo es todo. Al final son 800 000 millones de células que están comiendo y generando residuos. para que tengamos conciencia en cada instante. Trabaja duro”, asegura la experta.

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“Dormir debería ser una prioridad. Y cuando duermes, entonces la microglía (células del sistema inmunitario que se encuentran en el cerebro y en la médula espina) puede salir y limpiar toda la basura y los residuos para que te despiertes fresco y renovado al día siguiente porque tus células cerebrales han sido cuidadas”, añade.

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De igual forma, la doctora Bolte Taylor destaca la relevancia de adherirnos a una dieta saludable y a mantener un estilo de vida activo. Buenos nutrientes y movimiento. Mucho movimiento.

“¿Qué les estás dando de comer al cerebro? Si les das conservantes, los estás conservando. Presta atención a lo que consumes. Fruta fresca, verdura fresca y ese tipo de alimentos es lo que necesitas. Sé que vivimos en un mundo en el que no todo el mundo puede comer productos ecológicos, pero los pesticidas son veneno. Y conviene evitar el azúcar. No es una opción saludable, sin importar las circunstancias. Y tienes que mover el cuerpo porque está diseñado para mover el cerebro”, comparte.

Evidentemente, la neurocientífica también explica la necesidad de estimularlo intelectualmente y, aunque suene raro, de hidratarlo. “Tu cuerpo no es más que células conectadas entre sí. Y las células están llenas de agua, y el espacio entre ellas también está lleno de agua. Y hay un delicado equilibrio entre los átomos y moléculas que hay dentro de las células y los que hay fuera de ellas. Y necesitas estar hidratado. Aunque no en exceso ya que estaríamos destilando lo que ocurre en esas células o la matriz extracelular”, explica.

¿Qué no debes hacer? Pues todo aquello que no tiene cabida en un estilo de vida saludable, como por ejemplo beber alcohol, que tiene también mucho que ver lo que comentaba antes la doctora Bolte Taylor sobre la hidratación.

Cuando te emborrachas es porque tus células están borrachas. Si consumes alcohol, este va a absorber el agua de las células. Se van a deshidratar. Y cuando se vuelven frágiles porque la membrana se ha emborrachado, al final tienden a quemarse y explotar, y ese es el final de esas células. Así que el alcohol no es bueno”, concluye la neurocientífica.

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